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¿Qué opinas sobre el efecto que produce el ejercicio físico para conservar una óptima salud mental?

Dr. Antonio María Flórez Rodríguez

Medicina del Deporte.

Magíster en drogodependencias

Especialista en Educación y Promoción de la Salud

 

Hace mucho tiempo tenemos conocimiento de los beneficios que reporta el ejercicio físico para la salud, pero es sólo en estos últimos años en que esta certeza histórica se ha empezado a considerar como un elemento esencial de la promoción, el mantenimiento y la mejoría de la salud de los individuos.

 

La actividad física es fundamental para el mantenimiento de las condiciones de salud de todos los seres vivos. Ella se sustenta fundamentalmente en el sistema muscular, que es quien se encarga del movimiento. Este tiene que ver con la supervivencia individual y la conservación de la especie. Actividades como la búsqueda del alimento, la huida del peligro, la procreación, la socialización son la expresión de esas funciones. Si la actividad física es modificada, aumentándola, en términos generales el organismo tiende a beneficiarse, pero si ella es disminuida, voluntaria o involuntariamente, aquel se afecta en mayor o menor medida, dependiendo de la duración que tenga el periodo de sedentario.

 

Es sabido que uno de los cambios en el estilo de vida de la sociedad contemporánea, está ligado a la  disminución del gasto energético, debido a la automatización del trabajo, a la motorización del transporte y al aumento de las actividades sedentarias. La actividad física es uno de los componentes esenciales del estilo de vida. El sedentarismo es la tónica, tanto en los países industrializados como en el nuestro. Son múltiples las investigaciones que demuestran la correlación positiva entre la actividad física y el bienestar físico y mental, así como en el incremento de la esperanza de vida. Según Aurora Bueno (1996) “La realización de ejercicio físico está inversamente relacionado con la mortalidad por enfermedades cardiovasculares y con la mortalidad general... Por el contrario, la inactividad física ha sido asociada con diversas enfermedades crónicas; las personas que llevan una vida sedentaria presentan enfermedad coronaria con una frecuencia dos veces mayor que las personas físicamente activas, la frecuencia de la hipertensión aumenta entre un 35% a un 52%, e igualmente se ha descrito mayor riesgo de enfermedades digestivas, respiratorias, osteomusculares, fundamentalmente osteoporosis, aumento de resistencia a la insulina y de diabetes mellitus no insulinodependiente, y mayor incidencia de cáncer de colon y mama”.

 

Franchek Drobnic abunda en lo mismo en una comunicación reciente (Boletín FEMEDE, 1999) asegurando que “Se ha observado que los niveles altos de forma física disminuyen la mortalidad general ajustada por edad, es decir, que la buena forma física podría retrasar la mortalidad por todas las causas, disminuyendo especialmente las tasas de mortalidad por enfermedad cardiovascular y cáncer además de mejorar la calidad de vida de muchos pacientes con enfermedades crónicas tales como el asma, la fibrosis quística o las enfermedades crónicas con obstrucción del flujo aéreo”.

 

Pero determinar exactamente en qué medida el ejercicio físico contribuye a la salud, es bastante difícil. Sabemos que las personas que realizan actividad física habitual, son las que se encuentran en mejor estado físico, consumen menos alcohol, tabaco y otras sustancias sicoactivas, llevan una dieta más sana y tienen menores índices de prevalencia de obesidad. Todo ello, según la misma Aurora Bueno, contribuye a mantener la forma física, y ésta, a su vez, está estrechamente ligada a la realización de ejercicio. “Pero la forma física puede explicar mejor la realización de un ejercicio intenso que de un ejercicio moderado, y ambos se asocian con menor riesgo de muerte y mejores resultados en los indicadores positivos de salud”.

 

El ejercicio físico produce en todos los sistemas corporales muy diversos efectos, que están relacionados con el tipo, la intensidad y la duración del esfuerzo. A su vez, el sedentarismo y ciertas costumbres contemporáneas, afectan negativamente la salud de las personas.

 

Diversos autores señalan los beneficios del ejercicio físico: Aumenta el gasto cardíaco, la pérdida de grasa corporal, la masa corporal magra, la capacidad aeróbica, la HDL, el colesterol, la sensibilidad a la insulina, la lipólisis y la sensación de bienestar. Disminuye la presión arterial, los triglicéridos, la LDL, el colesterol y el estrés.  Según González G. (1992) en una completa revisión sobre los beneficios sicológicos derivados de la actividad física, esta mejora: el rendimiento académico, la personalidad, la confianza, la estabilidad emocional, la memoria, la independencia, la percepción, la imagen positiva del propio cuerpo, la satisfacción sexual, el bienestar, la eficiencia en el trabajo, la popularidad y disminuye el ausentismo laboral, la confusión, la cólera, la depresión, la cefalalgia, las fobias, la conducta sicótica, la tensión emocional y los errores laborales.

 

En un estudio epidemiológico llevado a cabo en Estados Unidos y Canadá sobre cuatro grandes bases de datos, se llegó a la conclusión de que el nivel de forma física de los ciudadanos se correlaciona muy bien con su salud mental.

 

Un grupo de expertos convocados por la Oficina de Prevención del Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos, concluyó que la forma física se halla asociada positivamente a la salud y al bienestar social, que la ansiedad y la depresión son signos y síntomas que se asocian frecuentemente al estrés mental, los cuales disminuyen moderadamente con el ejercicio, que la actividad física prolongada reduce los rasgos neuróticos y ansiosos, que la actividad física llevada a cabo de manera adecuada, mejora algunos de los componentes del estrés como la tensión muscular, el pulso basal y el funcionamiento hormonal, que el ejercicio posee un efecto positivo sobre las emociones en ambos sexos y en todas las edades.

 

Según Daniel Levesque (1992) los beneficios del entrenamiento aeróbico son múltiples y de diversa índole, fisiológicos, sicológicos y sociales. Dentro de ellos destacaríamos: aumento de los músculos respiratorios, de la ventilación pulmonar y de la potencia de la misma, disminución de la frecuencia respiratoria; desarrollo del miocardio, aumento del volumen cardíaco y de la vascularización del corazón, disminución de la frecuencia cardíaca en reposo y durante el esfuerzo, aumento del gasto cardíaco; descenso de la presión arterial; aumento del volumen total de sangre, la hemoglobina, el hematocrito y la capacidad aeróbica de los músculos. Así mismo, mejora la capacidad participativa y de compartir, la sensación de  bienestar, mejora el aspecto corporal, la explotación de los recursos del cuerpo, la sensación de realización como persona, el desafío personal, reduce la tensión del estrés, da sensación de relax, mejora la calidad del sueño y del reposo, es un medio de regeneración y liberación de energía, permite reflexionar sobre los problemas y resolverlos, mejorar el humor, controlar el peso y competir sanamente.

 

Dado todo lo anterior, el ejercicio físico viene a constituirse entonces en un elemento importante del estilo de vida, que coadyuva a afrontar de manera más adecuada y útil la compleja problemática vital de los tiempos postmodernos, especialmente en este país nuestro tan aquejado de problemas y violencia.

 

¿Es cierto que a través del ejercicio físico, es posible protegernos del cáncer?

 

Beneficios del ejercicio para pacientes con cáncer

 

    Uno de los conceptos más difíciles al convencer a los pacientes de cáncer, es que el ejercicio puede ayudarles a superar la sensación de fatiga. La mayoría de los pacientes rápidamente estarán en desacuerdo porque están demasiado cansados para realizar siquiera actividades diarias normales. El ejercicio ha demostrado, en muchos estudios previos, que juega un papel más preventivo en el desarrollo de ciertos tipos de cáncer (10,13,23,27). Este concepto es ya conocido, ¿pero qué pasa con los beneficios del ejercicio para los pacientes que ya padecen de cáncer?.

    Numerosos estudios (9,12,15,16,21,26,37) han sugerido que el ejercicio, desde intensidades suaves a moderadas, tiene muchos beneficios para personas con cáncer. Algunos de estos beneficios incluyen: incrementos en la función cardiovascular, pulmonar y muscular ( a raíz de un incremento en el consumo de oxigeno), volumen de eyección cardiaca, volumen minuto cardiaco, vascularización muscular, circulación linfática, ritmo metabólico, tono muscular, fuerza, coordinación y balance (28). Durante el tratamiento contra el cáncer, la quimioterapia, radiación o cirugía puede causar efectos duraderos (secundarios) a varios tejidos biológicos. Los beneficios del ejercicio para los sistemas cardiovascular, pulmonar, musculoesquelético y endocrino son discutidos brevemente a continuación.

    Durante el ejercicio, el corazón bombea volúmenes de sangre incrementados para suplir oxigeno y nutrientes y remover dióxido de carbono y desechos metabólicos; el sistema respiratorio maneja una carga de trabajo incrementada, intercambiando oxigeno y dióxido de carbono entre la sangre y la atmósfera. El sistema nervioso y varias hormonas también tienen importantes roles: integrar la respuesta del cuerpo al ejercicio y regular los cambios metabólicos que ocurren en el músculo y otros tejidos (19). El ejercicio parece influenciar las defensas huéspedes contra infecciones virales y cancerígenas. El ejercicio también provoca una liberación de varias citokinas involucradas en la resistencia contra tumores, lo cual también puede influenciar la actividad de las células citotóxicas.

    Más aún, el stress influye en la resistencia al crecimiento de tumores y algunas hormonas de stress liberadas durante el ejercicio, como las corticoesteroides o catecolaminas, pueden modular la habilidad de las células inmunes para exterminar a las células tumorales (18). Por lo tanto, puede ser postulado que el ejercicio puede influenciar las defensas huéspedes contra el crecimiento tumoral, vía directa o indirecta, modulando la actividad de las células citotóxicas. La mayoría de los estudios en este área se han centrado en las células asesinas naturales (NK - Natural Killers), con relativamente menos atención prestada a los efectos del ejercicio en los linfocitos T citotóxicos y monocitos citotóxicos (18).

    La declinación en la capacidad funcional experimentada por 1/3 o más de los pacientes con cáncer, sin importar la etapa en la que se encuentre la enfermedad, puede ser atribuido a condiciones hipocinéticas desarrolladas por prolongada inactividad física. Esta condición hipocinética puede causar la reducción de la eficiencia de los sistemas energéticos (vías metabólicas) lo cual puede disminuir la asimilación de sustratos energéticos por el cuerpo que son esenciales para la realización de tareas diarias. La condición hipocinética también puede tener algunos efectos en los niveles hormonales, lo cual puede llevar a un mayor desbalance homeostático. Estas modificaciones que pueden ocurrir debido a la inactividad física pueden llevar a un malfuncionamiento de varios sistemas en el organismo, lo cual puede ser también correlacionado con los altos niveles de fatiga experimentada por el paciente.

    El ejercicio ha sido sugerido por muchos investigadores (9,12,15,16,21,26,27) como una solución rehabilitativa para la perdida energética en pacientes con cáncer. Definido como la contracción y relajación rítmica de grandes grupos musculares sobre un periodo de tiempo prolongado, el ejercicio aeróbico ha demostrado ser capaz de mejorar las capacidades físicas en pacientes con cáncer (13). En un estudio conducido por Dimeo y col. (13), el resultado más significativo fue que los pacientes experimentaron una clara reducción de fatiga y pudieron sobrellevar actividades normales de la vida diaria sin limitaciones.

    La mayoría de los pacientes con cáncer no son tan activos durante y después del tratamiento como lo fueron antes del tratamiento o incluso antes de la diagnosis. Una reducción de las actividades físicas causa atrofia muscular, cambios en las propiedades musculares y reducciones en la densidad ósea. La atrofia muscular y una reducida densidad ósea pueden llevar a un nivel reducido de fuerza musculoesquelética y rendimiento y contribuye a un incremento en el riesgo de fractura ósea y lesiones musculoesqueléticas (2). La atrofia musculoesquelética y los cambios en las propiedades musculares contribuyen a una declinación en la eficiencia cardiovascular. Una declinación de la eficiencia cardiaca se refleja en una frecuencia cardiaca y presión sanguínea incrementada en reposo y durante ejercicios de tipo submáximo. Una reducción en la eficiencia cardiovascular combinada con elevaciones en los niveles de colesterol y disminución de los niveles de HDL, debido a la inactividad física, contribuye a un perfil de riesgo cardiovascular incrementado (1).

    Una declinación en la función pulmonar, debido a la inactividad física, puede incluir una respuesta ventilatoria pesada, flujo de aire y función muscular disminuida y empeoramiento en el intercambio de gases, producto de desajustes en la ventilación/perfusión y a una declinación en la difusión que predispone a las personas a enfermedades respiratorias como la neumonía (2).

    Algunas consideraciones (preocupaciones) clínicas iniciales acerca del ejercicio para pacientes con cáncer incluyen: a) el incremento en la probabilidad de una fractura ósea patológica producto de una integridad ósea comprometida, c) posible empeoramiento de cardiotoxicidad por quimioterapia y/o radiación, d) dolor severo, nauseas y fatiga que puede ser intensificada por el ejercicio físico y e) la inhabilidad y/o pereza de los pacientes con cáncer para tolerar el ejercicio dada su condición física y emocional deteriorada (11). A pesar de todas estas consideraciones (preocupaciones), existe un cuerpo de evidencia creciente que muestra como el ejercicio puede beneficiar a pacientes con cáncer. (9,12,15,16,21,26,27).


¿Puede el ejercicio ayudar a revertir los efectos del tratamiento contra el cáncer?

    Los beneficios cardiovasculares del ejercicio para pacientes con cáncer han mostrado ser evidentes en pacientes que no han tenido signos de empeoramiento de la función cardiaca antes del tratamiento contra el cáncer (14) En este estudio, ningún paciente del grupo en entrenamiento desarrollo signos clínicos de cardiotoxicidad durante los 2 meses luego de la quimioterapia. Para mujeres con cáncer mamario, un programa de fitness que incluya ejercicio aeróbico disminuirá el riesgo de desarrollar enfermedad cardiovascular y osteoporosis (20). Debido a que el tratamiento contra el cáncer mamario usualmente termina con una disminución de las fuentes naturales o exógenas de estrógeno, estas mujeres enfrentan un gran riesgo de desarrollar enfermedad cardiovascular y osteoporosis.

    El tratamiento contra el cáncer ha demostrado en algunos casos ser dañino para el sistema cardiovascular. El corazón en un paciente cardiaco se vuelve menos eficiente en bombear sangre a los tejidos y órganos, por tanto se compromete la habilidad de realizar tareas de la vida diaria y se alcanzan grandes niveles de fatiga. El ejercicio físico puede promover un entrenamiento cardiovascular nuevamente, a través de actividades aeróbicas, permitiéndole al corazón volverse más eficiente en la tarea de suministrar sangre al cuerpo y disminuir los niveles de fatiga experimentados por el paciente.

    Los beneficios pulmonares del ejercicio, en lo que respecta al daño provocado por el tratamiento contra el cáncer, se relaciona con un incremento del volumen pulmonar, disminución del trabajo al respirar y una habilidad incrementada para el intercambio gaseoso. El rendimiento atlético puede ser medido por medido de muchas variables fisiológicas observadas en los entrenamientos. Sin embargo, la mayoría de las funciones pulmonares medidas no se aplican para la predicción del rendimiento. No existe una relación substancial aparente entre el rendimiento atlético y la capacidad vital, capacidad pulmonar total o volumen espiratorio forzado (17). La más útil adaptación es probablemente un incremento en la resistencia de los músculos respiratorios. Cuando los músculos respiratorios se vuelven entrenados debido al ejercicio, el paciente experimentará un alivio de la respiración pesada debido al hecho de que el gasto de energía por estos músculos disminuirá. También, un ritmo de intercambio respiratorio mas eficiente podrá proporcionar una distribución más efectiva de oxigeno a los sistemas en el cuerpo.

    Dado el hecho que los alvéolos de los pacientes con cáncer están disminuidos en número y comprometidos por un estrechamiento de las septas alveolares, los efectos del ejercicio en el sistema pulmonar de los pacientes con cáncer no son conocidos. Una hipótesis es que los alvéolos se regeneran debido a un supuesto incremento en el suministro de sangre a este órgano, sin embargo el estrechamiento de las septas no parece ser reversible

    Los efectos laterales del tratamiento contra el cáncer en el sistema musculoesquelético han demostrado mejorías fisiológicas gracias a la intervención mediante el ejercicio físico. La pérdida de masa corporal magra que se reporta durante los tratamientos contra el cáncer no está bien explicada aún. Esta reducción de masa muscular puede ser a causa de una reducción por cirugía, depleciones del tratamiento e inactividad durante la recuperación. Esta pérdida de musculatura puede ser responsable del incremento en la necesidad de producir grandes cantidades de energía para producir suficiente fuerza contráctil, requerida durante rendimientos energéticos o cuando se requiere sentarse y pararse (13,21,25). El ejercicio puede estimular varios beneficios para el sistema musculoesquelético. Tales beneficios incluyen el desarrollo de nuevas células saludables que remplazaran a las células saludables que murieron durante el tratamiento contra el cáncer. Este proceso ha demostrado entregar a pacientes las ganancias en fuerza necesarias para realizar actividades diarias, más motivación y energía y un incremento general en la calidad de vida.

    El sistema endocrino parece ser un sistema biológico que sufre severas consecuencias en lo que respecta al tratamiento contra el cáncer (principalmente radiación). Estas alteraciones pueden llevar al paciente a experimentar futuras complicaciones en sistemas aparte del que ya esta comprometido por la enfermedad. Por ejemplo, la disminución en la producción de la hormona tiroxina y triiodothyronine tiene efectos biológicos en el consumo de oxigeno, el sistema nervioso central y periférico, músculo cardiaco y esquelético, metabolismo de los carbohidratos y del colesterol y en el crecimiento y desarrollo (30). También, alteraciones en el metabolismo pueden potencialmente llevar a futuras complicaciones cardiacas. Las complicaciones cardiacas pueden ocurrir debido a un incremento en la cantidad de colesterol debido a una disminución del metabolismo de los carbohidratos

    Las intervenciones a través del ejercicio pueden tener un importante rol en volver a la normalidad (niveles previos al cáncer) los niveles hormonales. El ejercicio puede estimular la liberación de hormonas que pudieron haber sido suprimidas, como también ayudar a incrementar la eficiencia de las vías metabólicas que fueron comprometidas por el cáncer. Todas estas alteraciones que pueden ocurrir con la intervención del ejercicio pueden potencialmente ayudar a los pacientes con cáncer a mejorar su capacidad funcional. Un mejoramiento del metabolismo, balance de fluidos, transporte de oxigeno y funcionamiento del sistema nervioso central y periférico podrá crear una homeostasis general. Esta homeostasis posiblemente podrá dar al paciente un estado de bienestar general.


Conclusión

    El ejercicio puede ser uno de las más potentes intervenciones para pacientes con cáncer, pero con este también se acompañan riesgos. No todos los ejercicios son creados igualmente. Para ser efectivo y seguro, el ejercicio debe ser prescrito e incluir estos 5 criterios: 1) Estado del individuo, 2) Tipo de ejercicio, 3) Intensidad del ejercicio, 4) Frecuencia del ejercicio y 5) Duración del ejercicio (5). El entrenamiento anaeróbico y aeróbico debe ser un componente integral en el estilo de vida de las personas luchando contra el cáncer o de las personas recuperándose de este.

    Debido a que el periodo de latencia para algunas toxicidades es de varios años luego de completar el tratamiento, las consecuencias de un daño permanente a lo largo de este periodo de tiempo son desconocidas (30). El ejercicio podría ser un vínculo fisiológico que disminuya o incluso revierta los efectos de la quimioterapia, terapia de radiación y cirugía. Más investigaciones son necesarias en el área del ejercicio como una forma de terapia para pacientes con cáncer. A pesar de esto, todos los hallazgos de los estudios hasta ahora han mostrado que el ejerció moderado es benéfico para los pacientes con cáncer (incluyendo a los sistemas cardiovascular, pulmonar, musculoesquelético y endocrino).

    Entre los muchos síntomas asociados con cáncer y su tratamiento, la fatiga es uno de los síntomas más prevalecientes y aún así la fatiga es la menos entendida. Conociendo clínicamente que el ejercicio ha ayudado a aliviar algunas o todas las sensaciones de fatiga en pacientes con cáncer, permanece un futuro muy prometedor para los estudios en esta área en los años venideros.


 


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